Veo allí, en las sombras de la cueva, un marido engañado que mata a su
esposa; una esposa que apuñala en el lecho; una mujer que envenena a su amante;
un hijo que venga a su padre; un padre que inmola a sus hijos; hijos que dan
muerte a sus padres, espectros que redundan en acciones, reyes asesinados,
vírgenes violadas, jóvenes agonizando y todo lo sublime.
jueves, 27 de septiembre de 2012
martes, 25 de septiembre de 2012
Niño Laurel
Niño Laurel.- Mi madre llego a odiar a mi padre y mi padre
igual. Sus peleas fueron aberrantes actos de violencia concubinal. Se distanciaron
sabiamente para evitar la muerte de uno. Por separado fueron personas
distintas, a veces hasta dóciles y otras veces justas. La falla estaba en la
combinación de caracteres; en el choque imparable de sus fuerzas opuestas; se trato
del fracaso de un mecanismo compuesto por piezas de matrizaría incompatible. Yo
soy el resultado, y mis hermanos lo fueron, de esa unión; de una cadena rota.
Soy la encarnación de un error. Soy la síntesis de una gesta violenta. Mi
desprecio no fue para ellos es para mí, aunque ellos pagaron. ¿Dónde esta mi
corona ahora? ¿y donde esta mi sentencia?
Fragmento de Niño Laurel
domingo, 5 de agosto de 2012
Salmo I
No tengo miedo a la montaña.
No temo de la noche salvaje bajo las estrellas.
No tengo miedo del mar y sus olas
Que rompen feroces entre piedras.
No me atemoriza el abismo vacío.
No me aterra la caverna oscura y silenciosa.
No tiemblo ante el frió crudo en la carne
Ni esquivo el desierto desolado.
Solo temo a una cosa frágil como la hierba.
A la blanda carne que se me asemeja.
Que no duerme y cavila.
Temo del hombre; del alto hombre.
Temo a sus reglas, a su estupidez / a mi estupidez...
como un espejo.
Temo a sus reglas, a su estupidez / a mi estupidez...
como un espejo.
miércoles, 11 de julio de 2012
Hablar de amor, en realidad es difícil
- ¿Que piensa que es el amor?
- No sé que es el
amor. ¿Una fuerza que nos une con las cosas? ¿es el efecto de fricción
entre dos que lo practican? Es una angustia llena, una lagrima deseada, una
sonrisa nostálgica, una intensidad plena, una ternura que podría traicionarnos, una
sorpresa de los años o quizás un sillón con nuestras formas moldeadas. Todo eso se parece al amor. Tambien se trata de algo puesto en el otro; algo que se escapa de nuestro ego, de nuestro instinto de supervivencia. Es una acción que arriesga de mas . Nos hace elegir al otro por sobre
nuestra voluntad. O mejor dicho, el amor es lo que convierte nuestra voluntad en un milagro para el otro.
El amor se parece a todas esas cosas y aun así se me escapa del pensamiento.
martes, 3 de julio de 2012
Soliloquio que antecede una venganza amorosa
-Shh… ¡Corazón: calla! No des
señales…
Mi orgullo se levanta ante mi
fatalidad.
Tu falta de tacto me ha dejado
atónito.
Todo es igual ahora… y no… ¿soy
frágil?
La frivolidad y vulgaridad de tus
actos
Me han dejado un sabor amargo.
Se ahogan mis esperanzas;
Se anula mi sinceridad.
Dudo de mí… de no creerme ingenuo,
De esperar, de creer, de ser
victimario.
Dudo de vos… ¡Víbora! ¡Mujer!
¡Podrías picar! Y sin embargo me
gustas.
-Shh… ¡Calla corazón! ¡No des
señales!
Quiero tenerte, si… pero esta vez
con miradas frías;
Con besos que sometan y muerdan la
lengua con los dientes.
¡Sin abrazos, sin caricias!
Con la mano firme apretando los
cabellos de la nuca.
Besos orgullosos y violentos que
te lastimen placenteramente
Y los desees como dientes clavados
en tu lengua.
Sangre derramada en nuestras bocas
venenosas.
¿Querías un vampiro? ¡Pues eso soy
ahora!
¡Basta corazón! ¡Calla corazón!
¡No! ¡No demuestres!
Aprieta los dientes. ¡Calla
corazón! ¡Calla!
¡Que nadie sepa que hay un nudo
vacío en la superficie de tu alma!
Y otro inmenso y terrible en lo
mas vital de mi orgullo de hombre.
¡Calla corazón! ¡Te ordeno que
enmudezcas!
¡Todo por ella! ¡Víbora anónima!
Mujer… víbora.
Perdición y tentación en todas los
mitos.
¡Mujer, víbora! Y yo: tonto hombre
crédulo.
Honorable en un mundo confuso de
desfigurados y sangre de tomate.
¡No demuestres a nadie tu agonía y
desesperación!
¡No vuelques lágrimas en mis ojos
que me apenen, pues me avergüenzas!
¡No cedas ante los encantos del
amor; sí ante la fría pasión!
Y por sobre todas las cosas:
“guarda tu dolor, que será veneno”
Guárdalo bien. Para que se
asiente, fermente, y sea fatal.
¿Que tan fuerte será tu veneno
mujer? ¿Más que el mío?
¿Que tan fuerte será mi veneno
Víbora? ¿Más que el tuyo?
Se sabrá si en el beso se muerden
ambas lenguas.
En verdad me duele no respetarte.
Pero todos somos alguna vez
víctimas o victimarios;
Dominados o dominadores.
Ahora no corazón… no hables. Ya
llegará tu momento.
miércoles, 6 de junio de 2012
Un Bradbury por otro Bradbury
Su tema era el hombre, la mitología humana, nos
llevaba muy lejos por el espacio y el tiempo para que nos reconociéramos en la
sombra de un extraterrestre, o en la agonía de una ciudad inteligente perdida
en el espacio. Me acuerdo de un cuento en el que un astronauta llega a un
planeta lejano y se entera que Jesús acababa de irse tras dejar su mensaje de
amor. El hombre decide salir a buscarlo por el espacio pero el narrador sabe
que no importa cuantos planetas visite siempre llegara un instante después de
su partida.
Recuerdo al hombre ilustrado, saturada su piel de imágenes,
de visiones del pasado y el futuro. Recuerdo una habitación con niños que
piensan en leones que se comen a sus padres. Recuerdo las quemas de libros, la agonía
final de los seres literarios exiliados del planeta. Recuerdo su obsesión por los
libros por sobre todas las cosas. Temía
un futuro sin literatura, un futuro sin fiestas de navidad ni años nuevos, donde
todos los días son iguales, donde el hogar ha desaparecido.
Mi padre me inculco el amor por dos escritores Borges y
Ray Bradbury. A los 11 años me intrigaba el futuro, veía en la ciencia ficción respuestas
metafísicas sobre el porvenir humano, le daba a esas historias el estatuto de revelación.
Fue por esa época que mi papá me prometió un regalo especial para mi cumpleaños,
se trataba de un libro que consideraba esencial y que me recomendaba leer con atención.
Hoy guardo en mi biblioteca un ejemplar de El
hombre ilustrado que mi papá me lego, fue el primer libro de lectura madura
que hice de mi propiedad. Años después en una navidad le regale a mi viejo una copia
de Las doradas manzanas del sol con
una dedicatoria que decía más o menos así: “Un libro de Ray Bradbury a cambio
de un libro de Ray Bradbury que recibí hace muchos años. De Picasso para Picasso,
de ida y de vuelta el circulo se cierra”. Supe luego que al ojear el libro mi
padre soltó algunas lagrimas.
A. Federico Pciasso
jueves, 31 de mayo de 2012
Selva Naranja
Selva naranja, barroca te pinto.
Selva
naranja, las luces del alba.
Vela
brillando sin ganas.
Duerme,
tranquila se apaga.
Hojas se
secan doradas.
Tu pelo
naranja es mi otoño.
No es otoño
gris, es dorado.
Es un sol
en el lago.
Selva
naranja, se ríe el rió.
Selva
naranja, las flores del hada.
Voces de
vientos de agua.
Corre,
profundo se lava.
Resina de
árbol dorada.
Tu pelo
naranja es mi ámbar.
No es un ámbar
gris es dorado.
Es un pez
en mis manos.
¿Cómo es el
lugar donde es tu emoción?
Quiero
mirarte a la luz de un velador.
De reír a
callar hay un paso, no mas.
En silencio
te he aprendido a observar.
Selva
naranja… selva naranja...
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