domingo, 5 de agosto de 2012

Salmo I


No tengo miedo a la montaña.
No temo de la noche salvaje bajo las estrellas.
No tengo miedo del mar y sus olas
Que rompen feroces entre piedras.

No me atemoriza el abismo vacío.
No me aterra la caverna oscura y silenciosa.
No tiemblo ante el frió crudo en la carne
Ni esquivo el desierto desolado.

Solo temo a una cosa frágil como la hierba.
A la blanda carne que se me asemeja.
Que no duerme y cavila.
Temo del hombre; del alto hombre.

Temo a sus reglas, a su  estupidez / a mi estupidez...
como un espejo.


miércoles, 11 de julio de 2012

Hablar de amor, en realidad es difícil



 - ¿Que piensa que es el amor?

- No sé que es el amor. ¿Una fuerza que nos une con las cosas? ¿es el efecto de fricción entre dos que lo practican? Es una angustia llena, una lagrima deseada, una sonrisa nostálgica, una intensidad plena, una ternura que podría traicionarnos, una sorpresa de los años o quizás un sillón con nuestras formas moldeadas. Todo eso se parece al amor. Tambien se trata de algo puesto en el otro; algo que se escapa de nuestro ego, de nuestro instinto de supervivencia. Es una acción que arriesga de mas . Nos hace elegir al otro por sobre nuestra voluntad. O mejor dicho, el amor es lo que convierte nuestra voluntad en un milagro para el otro. El amor se parece a todas esas cosas y aun así se me escapa del pensamiento.

martes, 3 de julio de 2012

Soliloquio que antecede una venganza amorosa



-Shh… ¡Corazón: calla! No des señales…

Estoy rendido y endurecido.
Mi orgullo se levanta ante mi fatalidad.
Tu falta de tacto me ha dejado atónito.
Todo es igual ahora… y no… ¿soy frágil?

La frivolidad y vulgaridad de tus actos
Me han dejado un sabor amargo.
Se ahogan mis esperanzas;
Se anula mi sinceridad.

Dudo de mí… de no creerme ingenuo,
De esperar, de creer, de ser victimario.
Dudo de vos… ¡Víbora! ¡Mujer!   
¡Podrías picar! Y sin embargo me gustas.

-Shh… ¡Calla corazón! ¡No des señales!

Quiero tenerte, si… pero esta vez con miradas frías;
Con besos que sometan y muerdan la lengua con los dientes.
¡Sin abrazos, sin caricias!
Con la mano firme apretando los cabellos de la nuca.

Besos orgullosos y violentos que te lastimen placenteramente
Y los desees como dientes clavados en tu lengua.
Sangre derramada en nuestras bocas venenosas.
¿Querías un vampiro? ¡Pues eso soy ahora!

¡Basta corazón! ¡Calla corazón! ¡No! ¡No demuestres!
Aprieta los dientes. ¡Calla corazón! ¡Calla!
¡Que nadie sepa que hay un nudo vacío en la superficie de tu alma!
Y otro inmenso y terrible en lo mas vital de mi orgullo de hombre.

¡Calla corazón! ¡Te ordeno que enmudezcas!

¡Todo por ella! ¡Víbora anónima! Mujer… víbora.
Perdición y tentación en todas los mitos.
¡Mujer, víbora! Y yo: tonto hombre crédulo.
Honorable en un mundo confuso de desfigurados y sangre de tomate.

¡No demuestres a nadie tu agonía y desesperación!
¡No vuelques lágrimas en mis ojos que me apenen, pues me avergüenzas!
¡No cedas ante los encantos del amor; sí ante la fría pasión!
Y por sobre todas las cosas: “guarda tu dolor, que será veneno”

Guárdalo bien. Para que se asiente, fermente, y sea fatal.
¿Que tan fuerte será tu veneno mujer? ¿Más que el mío?
¿Que tan fuerte será mi veneno Víbora? ¿Más que el tuyo?
Se sabrá si en el beso se muerden ambas lenguas.

En verdad me duele no respetarte.
Pero todos somos alguna vez víctimas o victimarios;
Dominados o dominadores.
Ahora no corazón… no hables. Ya llegará tu momento.

miércoles, 6 de junio de 2012

Un Bradbury por otro Bradbury


Su tema era el hombre, la mitología humana, nos llevaba muy lejos por el espacio y el tiempo para que nos reconociéramos en la sombra de un extraterrestre, o en la agonía de una ciudad inteligente perdida en el espacio. Me acuerdo de un cuento en el que un astronauta llega a un planeta lejano y se entera que Jesús acababa de irse tras dejar su mensaje de amor. El hombre decide salir a buscarlo por el espacio pero el narrador sabe que no importa cuantos planetas visite siempre llegara un instante después de su partida.

Recuerdo al hombre ilustrado, saturada su piel de imágenes, de visiones del pasado y el futuro. Recuerdo una habitación con niños que piensan en leones que se comen a sus padres. Recuerdo las quemas de libros, la agonía final de los seres literarios exiliados del planeta. Recuerdo su obsesión por los libros por sobre todas las cosas. Temía un futuro sin literatura, un futuro sin fiestas de navidad ni años nuevos, donde todos los días son iguales, donde el hogar ha desaparecido.

Mi padre me inculco el amor por dos escritores Borges y Ray Bradbury. A los 11 años me intrigaba el futuro, veía en la ciencia ficción respuestas metafísicas sobre el porvenir humano, le daba a esas historias el estatuto de revelación. Fue por esa época que mi papá me prometió un regalo especial para mi cumpleaños, se trataba de un libro que consideraba esencial y que me recomendaba leer con atención. Hoy guardo en mi biblioteca un ejemplar de El hombre ilustrado que mi papá me lego, fue el primer libro de lectura madura que hice de mi propiedad. Años después en una navidad le regale a mi viejo una copia de Las doradas manzanas del sol con una dedicatoria que decía más o menos así: “Un libro de Ray Bradbury a cambio de un libro de Ray Bradbury que recibí hace muchos años. De Picasso para Picasso, de ida y de vuelta el circulo se cierra”. Supe luego que al ojear el libro mi padre soltó algunas lagrimas.

A. Federico Pciasso





jueves, 31 de mayo de 2012

Selva Naranja





















Selva naranja, barroca te pinto.
Selva naranja, las luces del alba.
Vela brillando sin ganas.
Duerme, tranquila se apaga.

Hojas se secan doradas.
Tu pelo naranja es mi otoño.
No es otoño gris, es dorado.
Es un sol en el lago.
  
Selva naranja, se ríe el rió.
Selva naranja, las flores del hada.
Voces de vientos de agua.
Corre, profundo se lava.

Resina de árbol dorada.
Tu pelo naranja es mi ámbar.
No es un ámbar gris es dorado.
Es un pez en mis manos.

¿Cómo es el lugar donde es tu emoción?
Quiero mirarte a la luz de un velador.
De reír a callar hay un paso, no mas.
En silencio te he aprendido a observar.

Selva naranja… selva naranja...


















miércoles, 25 de abril de 2012

Las Montañas del Hombre

  
Este pucho va a tener el privilegio. De Santo Domingo viene a parar al Nilo. Si porque lo voy a tirar al Nilo. Es una forma de ensuciarlo o tal vez  no.

Antonio Tissera
Egipto, navegación al sur del Nilo, enero 2006.


Por lo que pude averiguar, fue hacia 1870 que Ramón Lucero, pariente por parte de la madre de mi padre, pudo concretar su sueño de realizar una expedición por el Nilo. Supe luego de recopilar los primeros datos, que fue esta empresa causa de un malestar económico y marital que fracturó a esa familia cordobesa. Una de sus ramas, se instalaría en el Chaco tres décadas después; donde mis abuelos se conocerían en una lancha cinco décadas mas tarde.
El viaje sería, una vez instalados en Alejandría, en barco por el Nilo. Recorrerían su cauce río arriba internándose en lo hondo del país. Según un itinerario confeccionado por Don Lucero, pisarían las costas unas veinte veces con el fin de acceder a diversos sitios: ciudades, tumbas y templos del pasado. Su asistente y acompañante espiritual en la travesía fue un sobrino de apellido Quiroga, posiblemente pariente indirecto del famoso caudillo.
No es mi intención en esta oportunidad, pues ya lo he hecho en otros informes, extenderme más en los detalles de la travesía: la fiebre exótica que contrajo Lucero; los varios exabruptos que dejaron a la expedición varada en tres oportunidades (una a causa de la fiebre contraída); o la única muerte violenta que registra la expedición, de la cual no he podido recopilar datos que la aclaren. Niego nuevamente que haya existido una mujer acompañante o la posibilidad de amoríos con nativas, en este punto debe tenerse en cuenta la naturaleza de la cultura islámica y la ingenuidad romántica de mis parientes.  
Lo que busco, es exaltar las breves pretensiones poéticas que tuvo Ramón Lucero en aquellos días, que fueron los mas anhelados para él, según expreso en su vejez. Navegar por ese Río, en especial para él, que conocía las historias, pudo ser una experiencia que evocó con mayor rigor la presencia del tiempo. Quiero decir, y tal vez me cueste pues me he abocado a la investigación y nunca a la expresión literaria, que en el río el tiempo y su paso se hace notar intensamente y en el país de Egipto, como en todas las tierras antiguas, el tiempo deja una densa estela difícil de ignorar.
Ramón no llevó un diario de su viaje. Él creía con convicción que “…los acontecimientos más relevantes serían aquellos capaces de sobrevivir a la purga del olvido”. Estos recuerdos perennes, purificados de la vulgaridad anecdótica (me provoca cierto dolor expresarme de este modo pues yo he estudiado anécdotas mucho tiempo) eran para él, verdades adquiridas tras la experiencia, (esto último es una conjetura personal). Fue su sobrino quien dejó un libro de viajes. El manuscrito se encuentra dañado en la tapas y en sus primeras y últimas páginas. Figura el apellido Quiroga en una carátula pero como dije las primeras páginas son casi ilegibles, impidiéndome conocer el nombre de pila del sobrino. Por otro lado, últimamente hasta he dudado de que se tratara de un verdadero sobrino de sangre.
Las notas tomadas por Quiroga pueden catalogarse de torpes (a veces escuetas, otras muy densas). Pero es en ellas que descubrí la faceta más reflexiva y literaria de mi pariente. Por alguna razón Quiroga tenia la costumbre de transcribir diálogos o expresiones irrelevantes manifestadas por sus acompañantes y en especial de aquel que hablaba su idioma natal con fluidez, es decir, su tío. El material trascripto será breve pero es la totalidad de la producción poética de Lucero.
En la navegación Ramón Lucero expresó las cinco frases que he dispuesto a continuación y aunque han sido tomadas de pasajes distintos y distantes del libro de Quiroga, producen su efecto estético y armónico al leerse en continuidad. Transcribo:

“Hoy vi algo increíble: vi esconderse el sol.”

“Se perdió atrás del desierto.” “El Nilo ya no fue de oro.”

“Bañó  las aguas del Nilo con plata.”

“En la cima de la barca el viento y las estrellas.”

El orden cronológico no ha sido alterado, solo borre las extensas distancias de texto inútil.

Luego de contemplar y recorrer el gran templo de Karnac expreso: 

“He visto Roma y nada se compara con el templo de Karnac, Tebas, País de Egipto.”

En esta afirmación promulga con soberbia de salmo, una pretensión de supremacía arquitectónica y metafísica de Karnac por sobre la perla urbana de occidente.
 De todos modos no hubiera perdido mi tiempo en buscar estos escasos ejemplos de la inspiración oral de Lucero, de no haber leído, lo que es a mi criterio, el fragmento más valioso de las notas de Quiroga. Transcribo:

“Dios creó las montañas y les dio su forma perfectamente imperfecta e irregular. El hombre vio el paisaje del desierto al sur de ambas márgenes del río de la vida  y quiso copiarlas y ser grande y eterno como el creador. Sus mediocres copias hijas de su visión racional y de paganos cálculos geométricos, las hizo imperfectamente perfectas y regulares.
Desilusionado el hombre vio sus pirámides perderse en la arena,  avergonzadas ante las soberbias montañas de Amón-Rá.”

El fragmento pertenece a una larga secuencia que Quiroga hizo de comentarios delirantes que Lucero balbuceó bajo los efectos de la fiebre.
 Cuando tiempo después, ya muy anciano y decadente, se le preguntó a Ramón Lucero por su viaje al norte de África y la cuenca del Nilo, solo repitió este fragmento casi exactamente con las mismas palabras, según informan otras fuentes consultadas.
Fuera de esto, solo diré que al visitar el templo de Abu-simbel, cayó de rodillas y lloró.


A F P S

sábado, 14 de abril de 2012

De los días antiguos a la historia

Los días en el paraíso son distintos a los de la historia. La diferencia más importante, es la forma de percibir el tiempo. Aquí en el dominio de los hombres, reina la idea de un tiempo lineal, es decir, un tiempo donde los nombres quedan en la memoria y se van sucediendo como en un camino. Se trata de un mundo con principio y fin. En él las cosas se originan, deterioran y luego polvo. Los días se suman unos a otros y el tiempo pasa rápido, al punto, que se divide y se cuenta hasta la milésima parte de un instante. Todo se cuenta: las distancias, los volúmenes, los Reyes. El mundo de los hombres se llama historia y nace y muere como éste. Es consecuencia del pecado de conocer; es la soberbia de recordar. Es un mundo condenado al fin.
En cambio, el paraíso se trata de un acto aquí y ahora. El tiempo es un camino circular y se rige por la naturaleza: es verano, es otoño, es primavera y luego otra vez verano. Las cosas no terminan, sino que se suceden eternamente, en un camino de transformaciones. El tiempo es eterno y todos los días son el día y las estaciones siempre vuelven igual. Los años no se cuentan, es más, no se nombra pues lo vital se renueva y es fértil. ¡La música de Dios dibuja todas las cosas! ¡Todos bailan la creación! Pero nadie reina, solo el silencio, que es la palabra.